El
esgrafiado es una técnica de ornamentación parietal basada en la utilización de
morteros realizados con la cal grasa apagada. El esgrafiado sirve para cubrir
los muros de muy pobre construcción con una decoración grata, sencilla de
realizar y de poco coste. En España, los dos centros más representativos de la
aplicación del esgrafiado son Segovia y Cataluña, si bien existen ejemplos en
Valencia, Andalucía y zonas de Castilla y León. Es una técnica muy antigua que
utilizaban ya las civilizaciones del IV milenio adC. y es posible encontrar esgrafiados
por toda Europa, en Italia (Florencia, Roma y Treviso), en Alemania (Silesia,
Wurtemberg, Sttugart, Ulm, Bohemia, Tirol.), siguiendo todos, más o menos, las
mismas técnicas de aplicación. Los romanos usaron también esta decoración con
dibujos sencillos. En el Renacimiento la técnica se popularizó y perfeccionó,
llegando a formar parte de la decoración de fachadas, bóvedas, muros interiores
y otros espacios nobles de palacios, iglesias y monasterios, consiguiéndose con
esta antigua técnica crear verdaderas obra de arte que todavía pueden verse. Desde el siglo XII al XVI abundan las cerámicas esmaltadas
esgrafiadas y cubiertas después con una capa vidriada.
En el caso
del esgrafiado en Segovia el conglomerante suele ser cal, aunque modernamente
se haya utilizado también el cemento o la mezcla de ambos (conocida como
"mortero bastardo"); el relleno o material de armar es la arena, que
además aporta el color, ya que en
Segovia tiene gran variedad de matices, desde ocres hasta pardos rojizos, como
en alguna zona de Pedraza de la Sierra (muy contadas veces es teñida con pigmentos minerales o
con ceniza, que proporcionan al esgrafiado colores que no son los propios de la
arena). Se puede hablar de tres procesos distintos: el esgrafiado a un tendido,
el esgrafiado a dos tendidos y el esgrafiado con acabado en cal. El dibujo suele ser un
motivo repetido en el pleno, de clara tradición islámica, que cubre como un
tejido geométrico todo el paramento, y donde el relieve juega un papel decorativo
y cambiante en los muros, sobre todo en las obras realizadas con un grueso
notable. El incidir la luz solar sobre la fachada, y la luz de Segovia es única por su luminosidad
y limpieza, hace que se cree una tercera dimensión de claro-oscuro y un juego
sutil de formas cambiantes por el movimiento de la luz, dando lugar a
que el efecto óptico del esgrafiado sea diferente en cada momento.
El
esgrafiado segoviano, como tal decoración, es una manifestación más del
mudejarismo, tan frecuente en la ciudad.